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Phantom Fighter
Phantom Fighter, lanzado en 1988, es un juego clásico de DOS que los jugadores nostálgicos siguen celebrando hasta el día de hoy. Desarrollado por Marionette y publicado por Activision, este juego lleno de acción lleva a los jugadores en un viaje a través de la antigua China para vencer a fantasmas y demonios que han estado aterrorizando la tierra. Con su jugabilidad única y sus gráficos y características de sonido impresionantes para su época, Phantom Fighter rápidamente se convirtió en un favorito de culto entre los usuarios de DOS.
La historia de Phantom Fighter gira en torno al protagonista, Liu Yu, un experto en artes marciales que ha sido convocado por el Emperador de China para librar a la tierra de los espíritus malignos. Armado con su confiable espada y varios objetos mágicos, Liu Yu debe navegar a través de diferentes niveles, cada uno con su propio conjunto de desafíos, para derrotar a los cuatro seres sobrenaturales que están causando estragos en la gente. Estos seres, conocidos como Diyu, tienen como tema los cuatro elementos (agua, tierra, fuego y viento) y son los principales antagonistas que todo jugador debe conquistar.
Lo que distingue a Phantom Fighter de otros juegos de DOS de su época es su combinación única de elementos de acción y RPG. Los jugadores pueden subir de nivel a su personaje ganando puntos de experiencia y adquiriendo nuevas habilidades y destrezas para ayudarlos en su misión. El juego también presenta una variedad de enemigos, cada uno con sus propias fortalezas y debilidades, lo que hace de cada batalla una experiencia diferente. Los jugadores también deben gestionar estratégicamente su inventario de elementos curativos y hechizos mágicos, añadiendo una capa extra de desafío y emoción al juego.
Una de las características más destacadas de Phantom Fighter son sus impresionantes gráficos y sonido. El juego presenta gráficos de 8 bits bellamente renderizados, con colores vibrantes y sprites de personajes detallados. Los efectos de sonido y la música son igualmente impresionantes y contribuyen a la experiencia inmersiva del juego. Desde la inquietante atmósfera de las mansiones encantadas hasta las intensas batallas contra jefes, los gráficos y el sonido trabajan juntos para crear una experiencia de juego atractiva que mantiene a los jugadores al borde de sus asientos.
A pesar de su antigüedad, Phantom Fighter sigue teniendo una base de fans dedicada, gracias a su juego atractivo y su factor nostálgico. El juego para DOS ha sido elogiado por su nivel de dificultad, que proporciona un desafío satisfactorio a los jugadores con cada nivel que superan. También ofrece diferentes niveles de dificultad, lo que permite a los jugadores elegir el nivel de desafío que quieren afrontar. El juego también se ha destacado por su valor de repetición, ya que los jugadores regresan constantemente a él para perfeccionar sus habilidades y superar sus puntuaciones más altas anteriores.
The Running Man
En 1989, The Running Man llegó a la Commodore 64 con la audacia de un juego arcade de acción y la crudeza de un concurso televisivo distópico. Inspirado en el mundo cinematográfico de patrocinadores sonrientes y peligros televisados, te sumerge en un laberinto de pasillos de hormigón donde la supervivencia depende de la velocidad, la puntería y los nervios. Incluso antes del primer tiroteo, la premisa se siente urgente: los concursantes son perseguidos por la audiencia, y cada error se convierte en una rápida transmisión para todos los telespectadores.
Los controles son sencillos, pero el ritmo es todo menos fluido. Te mueves de un lado a otro mientras te enfrentas a perseguidores, trampas y peligros cambiantes que te obligan a reposicionarte constantemente. El arsenal incluye un arma de fuego básica y algunos objetos que puedes recoger ocasionalmente para cambiar tus probabilidades, pero la gestión de la munición es crucial cuando los enemigos se multiplican. La acción alterna entre tiroteos frenéticos y breves tramos de maniobras, dándole a la carrera un ritmo trepidante, como el de una competición de atletismo donde la meta se mueve constantemente y el ruido del público nunca se desvanece de la memoria.
Visualmente, el juego aprovecha las peculiaridades cromáticas de la Nintendo 64 para sugerir velocidad y peligro sin abrumar con detalles. Los enemigos parpadean de forma convincente, las balas se mueven como píxeles grandes y los fondos se desplazan lo suficiente como para mantener la tensión. Los sprites de los personajes destacan sobre la paleta industrial, lo que permite detectar amenazas incluso en medio del caos. Los efectos de sonido ofrecen un impacto mecánico y contundente: los disparos crepitan, las explosiones retumban y la música se mantiene enérgica, incluso cuando se vuelve repetitiva tras largas sesiones. Encaja a la perfección con la temática del espectáculo.
La progresión se estructura en torno a fases cortas, cada una con un tipo diferente de emboscada. Algunas secciones se centran en correr por pasillos, mientras que otras exigen disparos de precisión a corta distancia. Los puntos de control son un alivio para una consola doméstica, pero la dificultad aumenta rápidamente, especialmente a medida que los patrones enemigos aprenden a rodearte. La puntería responde con suficiente precisión para realizar correcciones rápidas, aunque la enorme cantidad de oponentes puede nublar tus instintos. Cuando finalmente despejas una sala, el alivio es inmediato y merecido, y entonces te lanzas de cabeza al caos.
Como juego de acción con licencia, no pretende ser una obra maestra cinematográfica, pero captura la intensidad arcade que los jugadores anhelaban a finales de los ochenta. Su velocidad, mordacidad y dificultad persistente lo convirtieron en un cartucho memorable para muchos hogares, especialmente para aquellos que disfrutaban de los juegos de supervivencia y disparos. Comparado con títulos modernos más pulidos, sus bordes son irregulares, pero su ritmo sigue siendo extrañamente adictivo. Si lo juegas hoy, prepárate para controles toscos, gráficos brillantes y una persecución implacable.